TED – WHY SHOULD YOU READ “ONE HUNDRED YEARS OF SOLITUDE”?

Les comparto este video. 5 minutos para revivir esta obra inmensa y sobrenatural.

¿Por qué deberías leer “Cien años de soledad”?

La historia de amor de Idea Vilariño y Juan Carlos Onetti

Los “Poemas de Amor” de la legendaria poeta uruguaya tienen nombre y apellido: Juan Carlos Onetti. Hay escritores condenados a ser reconocidos por un solo libro. Ese parece ser el destino de la poeta uruguaya Idea Vilariño autora de pasionales poemas de amor que tienen nombre y apellido: Juan Carlos Onetti (considerado un clásico del género curiosamente ninguno de los poemas del libro fue incluido en la Antología Poesía Amorosa Latinoamericana editada por Biblioteca Ayacucho. La historia de esas páginas se remonta a la década de los cincuenta cuando a la sazón no se conocían. La vida intelectual de Montevideo y Buenos Aires permitía esas convivencias en las que cada uno y por su lado se reunía con quien quisiera: Roberto Arlt, Jorge Luis Borges, Bioy Casares, las hermanas Ocampo (Victoria y Silvina), José Bianco… De esos años (1950) data Número, revista donde comenzó todo. Fundada por Emir Rodríguez Monegal, Mario Benedetti, Manuel Claps e Idea Vilariño, la publicación fue una de las pocas que reseñó con entusiasmo la aparición de La vida breve, un libro de Onetti que prácticamente ignoró la crítica de Buenos Aires. Conocerse como se conocían –al menos porque se habían leído– el encuentro no tardó mucho en precipitarse. Al fin y al cabo uno y otro eran el centro y epicentro de círculos intelectuales que ya los habían llevado poco menos que a los terrenos de la leyenda. Ella hierática. El, maldito. La pareja perfecta. El encuentro debió ser en un café del centro de Montevideo. La historia de lo que ocurrió entonces fue referida por Vilariño a María Esther Gilio y Carlos M. Domínguez en la biografía que ambos periodistas publicaron sobre Onetti (Construcción de la noche, Planeta 1993): ‘Estaba seduciéndome a fondo con lo mejor de sí mismo y tanto que yo me quedé convencida de que aquello era la séptima maravilla. Esa misma noche me enamoré de él. Me enamoré, me enamoré, me enamoré’. Burro, perro, bestia. Pero el encuentro definitivo demoraría algunos meses más. Mientras tanto cultivaron una correspondencia en la que se trataban ridículamente de Usted tomándose algunas licencias: ‘Pasó el verano y no viniste’, se atrevió a reclamar la Vilariño. De allí a lo inevitable: fueron amantes marcados por explosivas rupturas y reconciliaciones. ‘Es el último hombre de quien debí enamorarme porque éramos lo más imposible de ligar que había. Nunca entendió el ABC de mi vida, nunca me entendió como ser humano, como persona. Y así teníamos nuestros grandes desencuentros. Si yo hablaba de algo sumamente delicado él me salía con una barbaridad. Decía cosas que me hacían echarlo, imposibles de soportar. Todavía me pregunto por qué aguanté tanto, por qué volví tantas veces. Nos peleábamos y volvíamos a juntarnos, lo echaba, regresaba. Una noche me llamó desesperado para que fuera a verlo. Yo estaba con alguien que me amaba y lo dejé por ir a pasar una noche con él. Y recuerdo que lo único que hicimos fue ponernos de espalda, leyendo un libro él, y yo otro. A la mañana siguiente le agarré la cara y le dije: sos un burro Onetti, sos un perro, sos una bestia. Y me fui’. Burro, bestia, perro, a Onetti están dedicados todos y cada uno de los poemas de amor que escribió Idea Vilariño . ‘Estás lejos y al sur/ Allí no son las cuatro/ Recostado en tu silla/ apoyado en la mesa del café/ de tu cuarto/ tirado en una cama/ la tuya o la de alguien/ que quisiera borrar/ –estoy pensando en ti no en quienes te buscan/ a tu lado lo mismo que yo quiero–./ Estoy pensando en ti ya hace una hora/tal vez media/no sé./ Cuando la luz se acabe/sabré que son las nueve/estiraré la colcha/me pondré el traje negro/y me pasaré el peine./ Iré a cenar/ es claro’ Relación definitivamente signada por el deseo, las aristas que pudieron o no construir aterrizaban en el sexo. A días y noches de encierro, sucedían meses sin saber nada uno del otro. Se mandaban al demonio una y otra vez. Un día –años después (1961)– las cosas fueron demasiado lejos. En esta ocasión la amenaza fue cierta: ‘Si te vas –alertó el escritor– no me encontrarás a tu regreso’. La poetisa tomó las palabras como la amenaza de un loco que no entendía la gravedad de la noticia que acaba de recibir: el asesinato del profesor Arbelio Ramírez (eran los días de la visita del Che Guevara a Montevideo) y la llamada del gremio de profesores (Idea era profesora del liceo Vásquez Acevedo) convocando a una asamblea que no admitía demoras. ‘Si vas, no me encuentras’, repitió Onetti. Sin tomarse en serio el ultimátum, Idea se dirigió a la reunión: ‘Pero en cuanto pude me escapé y regresé a casa. Cuando vi la luz prendida pensé que estaba pero cuando abrí la puerta sentí como si me golpearan en el pecho. Había dejado una nota insultándome y diciéndome un montón de barbaridades. Y mis poemas, unos poemas de amor que le había dado, estaban arrugados y tirados a los pies de la cama’. Un nuevo (último) encuentro sucedería en 1974 a raíz del terrible cierre del diario Marcha por la censura del régimen militar. El pretexto de la clausura del diario, al que Onetti estuvo estrechamente vinculado, fue la publicación del cuento ganador de un concurso en el cual fue jurado y en el que los militares leyeron un complot contra la dictadura. Onetti fue confinado a tres meses de cárcel y tratado poco menos que como un enajenado mental. A la salida de ese infierno recibió la visita de su antigua amante quien evocó el reencuentro en un texto que cedió para el libro de Gilio y Domínguez: ‘Quedamos solos y callados. Callados. Pero yo no soy como entonces; algo aprendí; algo me enseñó el recuerdo; siempre sentí no haber tenido más madurez para tratarlo entonces. O es la diferencia entre estar y no estar enamorada. Nos moriremos sin aprender a hablarnos’, pregunté. Siempre nos costó’, dijo. Te acordás de aquella vez que llegaste, después de tanto tiempo y estuvimos veinte, treinta minutos sin hablar, sentados, yo en la cama y tú en la silla. Me inhibiste siempre en todo’. Sí’, dijo. Tu también’, dije. Una vez me dijiste que no podías comer ni hacer el amor ni… conmigo’. Sí’, dijo. Y me miraba por momentos; por momentos volcaba la cabeza; se mordía el labios superior, con una expresión de impotencia, de desesperación? Así que yo no sé lo que es el amor. Vos sufrías de amnesia, evidentemente. La primera vez que entré a tu sala del Museo quedé loco por vos. Nunca entendí lo que me pasaba; pero estaba loco por vos’. Nunca me lo dijiste’. Nunca entendí aquel deseo de posesión, aquel afán dominador. (Yo no recordaba nada parecido). No te dejaba ir a clase (es cierto). No podía soportarlo. Y no se trataba de deseo; si no, no sentiría esta horrible ternura que siento por vos’, escribió. Onetti y la Gilio hablan en el apartamento del escritor en Madrid. El narrador tropieza con “Poemas de Amor”: –Andá, leelo–, dice Onetti. Ya no será/ ya no/ no viviremos juntos/ no criaré a tu hijo/ no coseré tu ropa/ no te tendré de noche/ no te besaré al irme/ nunca sabrás quién fui/ por qué me amaron otros./ No llegaré a saber/ por qué ni cómo nunca/ ni si era de verdad/ lo que dijiste que era/ ni quién fuiste/ ni qué fui para ti/ ni cómo hubiera sido/ vivir juntos/ querernos/ esperarnos/ estar./ Yo no soy más que yo/ para siempre y tú/ ya/ no serás para mí/ más que tú./ Ya no estás/ en un día futuro/ No sabré dónde vives/ con quién/ ni si te acuerdas./ No me abrazarás nunca/ como esa noche/ nunca./ No volveré a tocarte./ No te veré morir/ –¿Por qué dice Idea que nunca sabrás quien es ella?– pregunta la Gilio, acaso la periodista que más lo entrevistó. –No sé… Yo nunca sentí que ella estuviera enamorada de mí. –No entiendo, ¿cómo que nunca estuvo enamorada? Y los poemas que te escribió? –Yo no digo que no estuvo, sino que nunca sentí que estuvo. Yo creo que lo suyo es algo muy cerebral, intelectual. –¿Nada más? –También cama.

De Aquiles Nazoa- Balada de Hans y Jenny

Balada de Hans y Jenny. Aquiles Nazoa.

Verdaderamente, nunca fue tan claro el amor como cuando Hans Christian Andersen amó a Jenny Lind, el Ruiseñor de Suecia. Hans y Jenny eran soñadores y hermosos, y su amor compartían, como dos colegiales comparten sus almendras. Amar a Jenny era como ir comiéndose una manzana bajo la lluvia. Era estar en el campo y descubrir que hoy amanecieron maduras las cerezas. Hans solía cantarle fantásticas historias del tiempo en que los témpanos eran los grandes osos del mar. Y cuando venía la primavera, él la cubría con silvestres tusílagos las trenzas. La mirada de Jenny poblaba de dominicales colores el paisaje. Bien pudo Jenny Lind haber nacido en una caja de acuarelas. Hans tenía una caja de música en el corazón, y una pipa de espuma de mar, que Jenny le diera. A veces los dos salían de viaje por rumbos distintos. Pero seguían amándose en el encuentro de las cosas menudas de la tierra. Por ejemplo, Hans reconocía y amaba a Jenny en la transparencia de las fuentes y en la mirada de los niños y en las hojas secas. Jenny reconocía y amaba a Hans en las barbas de los mendigos, y en el perfume de pan tierno y en las más humildes monedas. Porque el amor de Hans y Jenny era íntimo y dulce como el primer día de invierno en la escuela. Jenny cantaba las antiguas baladas nórdicas con infinita tristeza. Una vez la escucharon unos estudiantes americanos, y por la noche todos lloraron de ternura sobre un mapa de Suecia. Y es que cuando Jenny cantaba, era el amor de Hans lo que cantaba ella. Una vez hizo Hans un largo viaje y a los cinco años estuvo de vuelta. Y fue a ver a su Jenny y la encontró sentada, juntas las manos, en la actitud tranquila de una muchacha ciega. Jenny estaba casada y tenía dos niños sencillamente hermosos como ella. Pero Hans siguió amándola hasta la muerte, en su pipa de espuma y en la llegada del otoño y en el color de las frambuesas. Y siguió Jenny amando a Hans en los ojos de los mendigos y en las más humildes monedas. Porque verdaderamente, nunca fue tan claro el amor como cuando Hans Christian Andersen amó a Jenny Lind, el Ruiseñor de Suecia.

AURA (1962). CARLOS FUENTES.

Por Milfred Baptista

Aura es una novela redonda, fundamental, perfecta. Nos cuenta la historia de Felipe Montero, un joven historiador que es contratado por doña Consuelo, viuda del Gerenal Llorentes, para que organice y termine de redactar las memorias de su difunto esposo. El joven deberá mudarse a la casa de la anciana, un lugar tenebroso y angustiante. Allí conocerá a Aura, una sobrina, encargada de las labores domésticas. Felipe nota que Aura y su tía se mimetizan. Al final descubrirá algo perturbador.

Aura tiene la capacidad de confundir al lector. Te da mucha información, pero no toda la que necesitas. Deberás atar cabos. Se presenta la idea del eterno retorno, la rueda del tiempo. Lo fantástico, lo erótico, lo gótico, trazos de México, hechicería, y mucho más.

Capítulo I

Lees ese anuncio: una oferta de esa naturaleza no se hace todos los días. Un trabajo hecho a la medida. Se solicita historiador joven que hable francés. Tres mil pesos, comida y alojamiento. Se solicita Felipe Montero. Presentarse en Donceles 815.

Entrevista. Avez vous fait des ètudes?. Á Paris, madame. Felipe la mira: un pelo muy blanco y un rostro casi infantil de tan viejo. No me quedan muchos años por delante. Ofrezco cuatro mil pesos. Se trata de los pepeles de mi marido. El General LLorente. Deben ser ordenados y completados. Murió hace sesenta años. Deberá quedarse aquí, su cuarto está arriba. Aura, mi compañera, mi sobrina. Tiene unos hermosos ojos verdes.

Capítulo II

La anciana sonrió. Aura lo guía a su cuarto. La cena es dentro de una hora. La casa siempre a oscuras. Aura viste de verde, siempre con el candelabro en la mano. Felipe hace un esfuerzo para contenerse. Está preso en esa casa. Entra al cuarto de la anciana. Imágenes religiosas, ratas, la sangre del crucificado, lágrimas de la Dolorosa. Perdón señor Montero, a las viejas solo nos queda el placer de la devoción.

Capítulo III

Los papeles del General Llorentes no gozaban de la excelencia que la anciana les había atribuido. Un capricho deformado. De repente escucha terribles maullidos. Gatos encadenados. Fuego. Felipe duda si en realidad vio eso. Continua revisando los papeles. Acepta todas las manías de la anciana. Necesita el dinero: todo sea por tu futura libertad creadora. Hora de la cena. Cenan los tres juntos: Aura, Felipe, Consuelo. Tía y sobrina hacen gestos iguales. Actitudes similares. Será una fuerza secreta de la vieja sobre Aura?. Es una prisionera. Debo liberarla.

Consuelo tenía 15 años en 1867, cuando el General Llorentes se casó con ella y la llevo a Paris. Consuelo tendría hoy 109 años. Siempre vestida de verde, siempre hermosa, incluso dentro de cien años. Tu es si fière de ta beauté; que ne ferais tu pas pour rester tojours jeune?

Capítulo IV

Aura vive en esta casa para perpetuar la ilusión de juventud y belleza de la anciana enloquecida. Religión, demonios, santos. Aura degolla a un macho cabrío en la cocina, Felipe la mira espantado. Sube a la habitación de la vieja y está haciendo exactamente lo mismo. Corre, suda. No entiende nada. Aura lo cita en la recámara. Intimidad. ¿Me querrás siempre? Siempre Aura, te amaré siempre. ¿Aunque envejezca? ¿Aunque pierda mi belleza?. Siempre. Aura camina hacia el rincón de la habitación. Felipe abre los ojos y ahí estaba la vieja, estuvo en la recamara todo le tiempo. Ambas sonríen.

Capítulo V

La doble presencia. Tu propio doble. ¡Aura, basta de engaños! Vámonos, vivamos juntos. ¿Por qué te sacrificas así? No entiendes. Anda Felipe, tenme confianza. Ella va a salir todo el día. Te espero esta noche en la recamara de mi tía. Te espero como siempre. Felipe continúa leyendo lo papeles. Consuelo nunca pudo tener hijos. Obsesión. hechicería. Consuelo, pobre Consuelo. También el demonio fue un ángel. Encuentra una fotografía, es Aura, 1876. Firma Consuelo Llorente. Aura en compañía del General. ¿O eres tú? Eres tú. Como si te hubieran arrancado la máscara que has llevado durante 27 años.

Aura. Entras a la recamara. Piensas que la vieja ha estado ausente todo el día. Escuchas la voz de Aura. Acuéstate a mi lado. Ella puede regresar en cualquier momento. Ella ya no regresará. Oscuridad. Besarás la piel del rostro sin distinguir, tocarás esos senos flácidos. La luz plateada cae sobre el pelo blanco de Aura, sobre el rostro desgajado. Verás el cuerpo desnudo de la vieja, temblando porque tú lo tocas, tú lo amas. Tú has regresado también. Volverá Felipe, la traeremos juntos.

Carlos Fuentes

EL VIEJO Y EL MAR (1952). ERNEST HEMINGWAY

Por Milfred Baptista

Siempre había escuchado sobre Hemingway: sus novelas, la vida en Cuba, el Nobel de Literatura. Tienes que leerla, me decía, y así pasaron años. Una de estas tardes la busqué y la leí de un jalón. Una historia simple pero tremendamente aleccionadora. Así como el viejo, yo también he luchado con ese pez y con unos cuantos tiburones. Una historia de lucha, resiliencia, dignidad.

Highlights:

Un viejo pescador. 84 días sin conseguir un solo pez. Todo en él era viejo, salvo sus ojos. Santiago y su fiel ayudante Manolín. Septiembre, el mes en que vienen los grandes peces. En mayo cualquiera es pescador.

Los viejos despiertan temprano para poder tener un día más largo. El mar es dulce y hermoso, pero puede ser cruel. La mar, así es como le dicen en español cuando la quieren, como si fuera una mujer. La mar concede o niega grandes favores. 
Es mejor tener suerte pero yo prefiero ser exacto. Ojalá estuviera aquí el muchacho para ayudarme. Nadie debiera estar solo en su vejez, pero es inevitable. Calambre en la mano, una traición del propio cuerpo. Le dije al muchacho que yo era un hombre extraño. Resistencia. Controlar el dolor. Jamás me había sentido tan cansado. 
Había preparado su arpón. El pez se estaba acercando, bello y tranquilo. No me falles cabeza, aguantad firmes, piernas. Esta vez voy a virarlo. Resiliencia. Me estás matando pez, pero tienes derecho, jamás he visto cosa más grande. Probaré de nuevo. Cogió todo su dolor, lo que le quedaba de fuerza y orgullo. El hombre no está hecho para la derrota. Un hombre puede ser destruido pero no derrotado. Es idiota no abrigar esperanzas, creo que es pecado. Por su dolor se dio cuenta que no estaba muerto. Respeto hacia la vida y hacia sus rivales. Lucha por conseguir tus objetivos, no importa la adversidad. 

Manolín “Al diablo con la suerte”. Comprendí que muchas veces nuestros fracasos se hacen más agónicos al ser descubiertos por quienes amamos. Cómo puede un hombre luchar con tanta intensidad: desfallecer, volver a luchar, cuestionarse su cordura y su fe. Todos hemos estado en el lugar del viejo alguna vez. El valor del esfuerzo humano y el dolor por el fracaso. El coraje y la dignidad del pescador anciano en el ocaso de su vida. 
Jamás se abandona una batalla sin haber gastado todos los cartuchos. A veces pensamos que perdimos cuando en realidad ganamos. El legado surge al mantener la integridad.